La colección es un regreso a los orígenes.
 
La innovación implica una dimensión autentica casi primaria en la que los 4 elementos son la clave.
 
Hemos dejado actuar a las fuerzas de la naturaleza. El agua y el sol, el viento y el fuego, han guiado la mano del artesano con humildad hacia un nuevo paradigma decorativo. 

El roble antiguo,  el valor del tiempo. 
 
Es en las antiguas viviendas de Europa central del siglo XVIII y XIX que demos buscar los orígenes del roble antiguo. Los grumos son entonces transformados en tablas espesas y brutas y luego encastradas entre ellas para formar los muros y estructuras de las peque
ñas viviendas rurales. 200 años más tarde, la superficie erosionada y el aspecto anciano de la madera son el resultado natural de la acción del tiempo y de la luz. La orientación y la duración de la exposición del roble a las intemperies son fundamentales  para la actual fisonomía de las tablas. Seleccionadas con cuidado, ellas revelan un singular y profundo relieve, una tonalidad natural y cambiante sin ningún artificio para vivir una nueva época. 

El tilo esculpido carbonizado, la mano y el fuego.
 
Sobre una madera bruta, la mano esculpe un damero vibrante que parece inacabado. Con maestría y cuidado, un primer fuego quema la superficie de la madera. El gesto es repetido hasta obtener una verdadera combustión y revelar una materia craquelada, carbonizada de un negro único. Esta maestría aleatoria en la que la madera y el fuego vacilan entre lucha y seducción, dan nacimiento a un extra
ño acabado cuyo color y textura crean una alianza perfecta.

El mármol Sahara negro, un textil de piedra. 
Ir a buscar un mineral en el corazón de la tierra tiene algo de excepcional y de mágico. Extraído de las profundidades del desierto tunecino, no deja de sorprendernos. Millones de a
ños de fosilización han sido necesarios para alcanzar la morfología actual de la piedra. Sobre fondo de finas capas oscuras se entrecruzan sus venas blancas y azafrán naturales con un diseño único que nos evoca un tejido africano artesanal. 

El acero oxidado, un vestigio moderno. 
Este acero espeso y robusto es la base en común a cada pieza. Plegado en esquinero o en trípode, delineado con un ancho hilo de soldadura realizado a mano, es declinado en pies con aires mínimos que dan una sensación de  seguridad. El tiempo juega a su favor, su acabado «Corten» con aspecto oxidado revelado por mas de 20 días de oxidación, le confiere un aspecto de vivencia con un halo matizado en ocre anaranjado y una apariencia antigua y bruta absolutamente moderna.